EL AMOR PURO DEL PERRO HACIA LOS HUMANOS
Todos hablan de lo locas que estamos las personas que hablamos con los perros, los abrazamos o incluso los besamos , es un perro!!, es cierto, es un perro pero también es mi amigo.Un perro no sustituye el amor de padres e hijos, ni el de los amigos, ni el de una pareja, no es comparable, simplemente es distinto, pero es un lazo de amistad que es incondicional, la vida de un perro es muy corta, pero la amistad perdurara siempre.
Es una amistad incondicional, pues en las épocas difíciles , la adolescencia, y el paso a la vida adulta , las responsabilidades, los problemas, piensas muchas veces que nadie te comprende, nadie te entiende, te sientes solo , entonces en ese vacío que sientes en tu interior, una cabeza peluda que esta a tu lado te da un lametón confortable, parece decir ey oye, yo estoy aquí!
Sabes que no saldrá contigo una noche de fiesta, pero daréis paseos eternos por el parque, puede que no conozcas a nuevas personas en un bar de cena con los colegas, pero puedes conocer a gente muy interesante al otro lado de la correa, y de repente charlar largas horas con un total desconocido que comprarte contigo su amor por su perro.
Un perro no sustituye una perdida es imposible, pero compartirá tu duelo, hasta que tu lo desees o lo necesites.
Te hará trastadas para que no te aburras al llegar del trabajo y recojas todo el papel higiénico que ha dejado desperdigado por toda la casa.
Si decides ver una peli tooooda la tarde en el sofá, no importa te acompañara y si por el contrario vamos a la playa o a hacer una ruta por la montaña estará siempre dispuesto.
Solo puede entender esto quien halla compartido en la vida esta amistad. Y sino que Echen un vistazo a todas esas historias que podemos escuchar cuando “una anciana abandonada en su casa por su familia disfruta de la única compañía de su perro y sus gatos”, “un borracho tendido en la calle al que nadie socorre estará velado por su compañero de 4 patas”, “gente que está en la calle que no tiene nada y tiene aún menos para compartir, comparte pan con su única familia sus perros vagabundos”, “un hombre que se tira a un lago helado por salvar a su perro”, o “un perro que regresa todos los días a la tumba de su amo muerto” , si esto no es incondicional entonces no sé lo que puede ser.Espero disfrutar muchos años de la compañía perruna, pues ellos harán completa la historia de mi vida.
7 COSAS QUE MI PERRO ME ENSEÑO:
Solo puede entender esto quien halla compartido en la vida esta amistad. Y sino que Echen un vistazo a todas esas historias que podemos escuchar cuando “una anciana abandonada en su casa por su familia disfruta de la única compañía de su perro y sus gatos”, “un borracho tendido en la calle al que nadie socorre estará velado por su compañero de 4 patas”, “gente que está en la calle que no tiene nada y tiene aún menos para compartir, comparte pan con su única familia sus perros vagabundos”, “un hombre que se tira a un lago helado por salvar a su perro”, o “un perro que regresa todos los días a la tumba de su amo muerto” , si esto no es incondicional entonces no sé lo que puede ser.Espero disfrutar muchos años de la compañía perruna, pues ellos harán completa la historia de mi vida.
7 COSAS QUE MI PERRO ME ENSEÑO:
Vivir con un perro te cambia la vida. No solo es una gran
responsabilidad, sino que es una fuente inagotable de enseñanza y bienestar.
Haber compartido gran parte de mi vida con animales me ha hecho inmensamente
feliz pero además me ha aportado innumerables beneficios.
Cada día es una
aventura y no hay un solo instante en el que estando con él te sientas sola.
Así, si me acompañáis, a continuación os cuento 7 cosas que mi perro me enseñó:
Algunos ángeles no tienen alas. Tiene 4 patas, un cuerpo peludo, nariz
de pelotita, orejas de atención y un amor incondicional.
1-A amar sin condiciones
Mi perro me enseñó el valor del compromiso y de la reciprocidad. Gracias
a mi perro aprendí el valor de la lealtad, que es inmensa. Y
el amor incondicional, el amor de pase
lo que pase y el amor de “te quiero siempre a mi lado porque contigo mi vida es
infinitamente mejor”.
2-A ser paciente y a perdonar
En realidad mi perro cada día me enseña a no
enfadarme. La vida no es de color de rosa y eso mi perro lo sabe; sin
embargo, es capaz de perdonar cualquier fechoría o cualquier salida de tono y
seguir hacia adelante, porque hay un lazo mucho más grande que nos une para
siempre.Él me comprende y conoce el valor de no tener segundas intenciones, mi
perro posee una absoluta bondad y pureza.
3-A vivir cada momento intensamente
Mi perro disfruta de un paseo, de un rato de juego o de una comida como si fuese
la primera o la última de su vida. Él también tiene sus
ansiedades y sus preocupaciones pero todo le hace disfrutar y procura vivirlo
intensamente. Es algo así como el “carpe diem perruno”.
Además, cada día se reservan un rato para explorar y
ejercitarse, no pasan un día entero sin hacerlo aunque solo sea un poquito. En
cuanto al paseo, le da igual a donde ir, él es feliz por acompañarme y sabe
valorar esos momentos. No hay nada para hacerme sonreír como ver lo contento
que se pone porque sale a pasear.
4-A adorar el caos
Adoro su desorden ordenado. En medio del caos de juguetes y huesos
entre las diferentes habitaciones de la casa él sabe donde tiene lo que quiere
y lo que le apetece en todo momento.
No hay razón para perder el tiempo en organizar sus cosas ni en
establecer prioridades: mi perro es feliz con lo mucho o
poco que tenga, recuerda que lo tiene y sabe disfrutarlo. Si yo
comienzo a recoger sus juguetes para llevarlos a su cuna me persigue por toda
la casa para asegurarse de tenerlo todo controlado. Y lo más asombroso es que
lo consigue. Ojalá fuese capaz de llevar mi vida tan organizada sin preocuparme
por el orden constantemente.
5-A disfrutar de los pequeños
placeres de la vida
Escuchar su respiración sosegada en la noche me produce una
paz indescriptible. Se tumba cerca de mí y se siente seguro y amado.
Tanto como yo a su lado. Me resulta tan delicioso escucharle como atender a la
brisa del mar o al cantar de los pajarillos.
6- A comunicarme con mi cuerpo
Puede que él no entienda lo que yo le estoy diciendo pero sabe
por mis gestos o la forma en
la que posiciono mi cuerpo hacia él cuál es mi estado emocional o si
le quiero decir algo. Ambos nos hemos vuelto muy habilidosos para
comprendernos y no hay nada que se nos resista. Los animales son verdaderos
detectores de emociones.
Es muy común que
los que han compartido su vida con un animal hayan tenido la sensación de que
en verdad parece que entienden lo que les decimos. Es cierto, lo hacen.., no sé
si por lo que decimos o por cómo lo decimos pero nuestra capacidad de
comunicación y de intercambio llega a ser alucinante. Realmente esto me ha
hecho consciente de lo que puedo llegar a transmitir.
7- A sentirme única e
irremplazable
Un perro te enseña cientos de cosas, te da lo que necesites y te seguirá
toda la vida. Pero lo que un animal te va a enseñar es a quererte y a aceptar
el hecho de ser una persona merecedora de amor.
Mi perro me ha hecho mejor persona y sé que seguirá haciéndolo cada
día. Me ha enseñado que puedo ser amada con gran intensidad y de forma
incondicional. Pero además me ha enseñado el valor de decir te quiero
cada día y, además, decirlo sin palabras.
El cariño o amor que sentimos hacia nuestros compañeros caninos (y el que recibimos por su parte) tiene una razón de peso. Varios experimentos llevados a cabo por un equipo de científicos del departamento de Ciencia Animal y Biotecnología de la Universidad Azabu (Japón) han demostrado que la hormona del amor, la oxitocina, es la que, con la evolución de este animal junto a su mejor amigo, ha creado una conexión tan fuerte como la que se crea a nivel biológico entre padres e hijos. Así, el simple contacto visual entre el perro y su dueño fortalece sus vínculos afectivos, según concluye el estudio que recoge la revistaScience.
La oxitocina, esa sustancia química que actúa como neurotransmisor en el cerebro, no solo genera vínculos afectivos entre los seres humanos sino también entre otras especies, concretamente los perros. Para demostrarlo, los investigadores llevaron a cabo varios experimentos con 30 perros (15 hembras y 15 machos) de diferentes razas y edades, y sus dueños (24 mujeres y 6 hombres).
En uno de ellos, perros y dueños fueron conducidos a una habitación donde permanecieron durante 30 minutos, registrando mientras los científicos sus interacciones. Los niveles de oxitocina de ambas especies (medido través de su orina) aumentaron tras el contacto visual prolongado. Así, cuanto más contacto visual habían tenido los dueños con sus perros, mayor fue el aumento en los niveles de esta hormona en el cerebro.
“Cuando perro y dueño se miran, ambos muestran un aumento de la oxitocina”, afirma a Sinc Takefumi Kikusui, líder del estudio.
Las conclusiones del estudio son claras: humanos y perros refuerzan sus vínculos biológicos en un circuito neuronal impulsado por la oxitocina, de la misma forma que se construye entre individuos de la misma familia. Y la forma de crear y reforzar este vínculo es sencilla y directa: una simple mirada recíproca.
Posteriormente, el mismo experimento se llevó a cabo con lobos domesticados. Al contrario que ocurrió con los perros, los lobos no buscaron la mirada de los humanos, aun habiendo sido criados por ellos y sus niveles de oxitocina no aumentaron: “Los lobos que tienen una relación muy estrecha con sus criadores no pueden estimular la oxitocina en ellos, posiblemente debido a la falta de contacto visual. El uso de este contacto visual hacia el dueño es diferente entre los perros y los lobos, y esta es la razón por la que los lobos no tienen este tipo de vínculo con los humanos”, explica Kikusui.
Cualquiera que tenga en su casa
perro,como mascota sabe del importante papel que el animal desempeña en la
familia, pero seguramente.
Cualquiera que tenga en su casa perro, cualquier tipo de mascota
sabe del importante papel que el animal desempeña en la familia, pero
seguramente no sabe que la relación del ser humano con los animales jugó un
papel determinante incluso en la propia evolución de la especie, y que nuestra
empatía y nuestro lenguaje no serían los mismos sin ellos.
tal y como demuestra la paleontóloga Pat Shipman en su último libro, La conexión animal,
el vínculo con los animales jugó un papel esencial y beneficioso en la
evolución humana en los últimos 2,6 millones años. Según su teoría los
homínidos primigenios tuvieron que aprender a ponerse en el lugar de los animales para evitar ser atacados por ellos o
bien para cazarlos, lo que provocó el desarrollo de la empatía en el cerebro y
las emociones humanas.
Con el tiempo, explica Shipman, el volumen de información sobre
los animales aumentó, los beneficios evolutivos de la comunicación de este
conocimiento a otros también, y el lenguaje evolucionó como un medio externo de
la manipulación y transmisión de información a través de símbolos. “Aunque no
podemos descubrir el uso más temprano del lenguaje mismo, podemos aprender algo
de los primeros artes prehistóricos con contenido inequívoco. Casi todas estas
obras de arte representan a los animales”, asegura.
Tras acumular una gran cantidad de información acerca de los
animales el hombre comenzó a domesticarlos (hace unos 32.000 años) con
fines muy variados: “Ofrecían inmensos recursos renovables para
tareas como el seguimiento de juego, la destrucción de los roedores, la
protección de familiares y bienes, prestación de lana para el calor, el transporte
de seres humanos y mercancías a largas distancias, y la proporción de leche a
los bebés humanos”, explica la antropóloga.
Una compañía que cura
La evolución de esta relación entre seres humanos y animales
ayudó a que la primera especie desarrollara, pues, características
específicamente humanas, como son la empatía, la compasión y el compromiso.
Aspectos que todavía seguimos fomentando continuamente a través de una relación
que es “fundamental” para el ser humano, en opinión del psicólogo clínicoFélix Zaragoza, de Activa Psicología.
Él es muy consciente de lo “valiosa” que es la unión entre un animal y
un ser humano, ya que muchas veces en su terapia recurre a ellos.
Durante el verano, por ejemplo, lleva a niños autistas, discapacitados o con
problemas neurológicos a nadar con osos marinos, una actividad de lo más
gratificante para los pequeños, que pueden abrazar algo parecido a un “peluche
gigante” que tiene un carácter “parecido al de un perro”, como explica
Zaragoza.
Y es que la afirmación de que el perro es el mejor amigo del
hombre no es simple palabrería. “La relación que desarrollamos con las mascotas
es muy importante y muy valiosa, es diferente de la que tenemos con amigos o familiares y nos enriquece de otra manera, por
otros canales”, explica Zaragoza.
De hecho, en un test psicológico que se realiza con frecuencia
se muestran dos fotografías; en una de ellas aparece un hombre sentado en un
sofá junto a un gato y en otra está el mismo hombre, pero sin gato. Ante la
pregunta “¿quién te parece mejor persona?” una amplísima mayoría de participantes responde que el hombre que
aparece con el perro.
Y es que, como apunta Zaragoza, los animales no juzgan a sus
dueños, sino que los aceptan y
quieren tal cual son. Por eso es tan especial el vínculo que desarrollamos con
ellos. por eso y porque nos permite tener ‘alguien’ con quien desahogar
nuestras emociones, ‘alguien’ de quien preocuparnos y ‘alguien’ que nos
acompaña y nos aprecia y los aman sin condicion.
Las mascotas y sus
amos retroalimentan su felicidad mirándose a los ojos, un fenómeno que dispara
la producción de la hormona del afecto en los cerebros de ambos
"El amor hacia el perro es voluntario, nadie lo fuerza. Y lo
principal: ninguna persona puede otorgarle a otra el don del idilio. Eso sólo
lo sabe hacer el animal . El amor entre un hombre y un perro es un idilio. En
él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras, no hay evolución",
escribía Milan Kundera en La insoportable levedad del ser.
En la novela, la protagonista, Teresa, llega a pensar que el amor que siente
por su perra Karenines mucho mejor que el que
siente por su marido.
Este sentimiento se repite en un sinfín de obras artísticas y se
condensa en una frase, “Cuánto más conozco a las personas, más quiero a mi
perro”, que ha sido atribuida a decenas de autores, aunque posiblemente podría
ser firmada por decenas de millones. Hoy, un equipo de científicos ilumina este
proceso de enamoramiento entre los perros y sus dueños: retroalimentan su
felicidad mirándose a los ojos.
Los investigadores, encabezados por el veterinario japonés Takefumi Kikusui, metieron a 30 perros con sus dueños en una
misma habitación, durante 30 minutos, y observaron lo que ocurría: miradas,
caricias, voces mimosas. Y, antes y después del experimento, midieron la
cantidad de la llamada hormona del amor, la oxitocina, en la orina tanto de las
mascotas como de los amos.
Las conclusiones de Kikusui, de la Universidad de Azabu (Japón), son
sorprendentes: cuanto más se miraban a los ojos los perros y sus dueños, más
oxitocina producían sus cerebros. A continuación repitieron el experimento con
lobos criados a biberón. La hormona, ingrediente químico fundamental del cariño
que sentimos en nuestro cerebro, no aumentaba.
El equipo de científicos fue todavía más allá. En un tercer experimento,
rociaron oxitocina en el hocico de algunos perros y los volvieron a meter en
una habitación con su dueño y dos personas desconocidas. En los vídeos, puede
verse cómo algunas mascotas se quedaban congeladas mirando a los ojos de sus
dueños, que a su vez producían más oxitocina, en una cantidad correlacionada
con la de sus animales.
“Estos resultados respaldan la existencia de un bucle de oxitocina que
se autoperpetúa en la relación entre humanos y perros, de una manera similar a
como ocurre con una madre humana y su hijo”, sostiene el equipo de Kikusui, que
publica sus conclusiones en la portada de la
prestigiosa revista científica Science. Durante el
proceso de domesticación, a lo largo de miles de años, los perros habrían
evolucionado para imitar un comportamiento, la mirada de los niños, que
provocaba recompensas y mimos. “El alma que hablar puede con los ojos también
puede besar con la mirada”, recitaba el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Kikusui
dice lo mismo, pero de los perros y sus dueños.
Las implicaciones del estudio son importantes desde el punto de vista
médico. Los resultados apoyan las terapias con perros para personas con autismo
o trastorno de estrés postraumático, dos patologías en las que, de hecho, se
está empleando la oxitocina como tratamiento experimental.
El trabajo de Kikusui, sin embargo, tiene puntos débiles. Los perros
rociados con oxitocina que se quedaban congelados mirando a sus dueños eran
todos hembras. Un estudio similar en humanos, llevado a cabo en 2012 con 35
padres y sus hijos de cinco meses en Israel, no halló estas diferencias por
género. Los adultos eran rociados con oxitocina y la hormona del amor subía en
paralelo en los niños, fueran chicos o chicas. “Es fascinante ver que la
oxitocina se disparó sólo entre los propietarios de las perras”, opina el
principal autor de aquel estudio, el médico Omri Weisman, de la Universidad de
Yale (EE UU).
Para el equipo de Kikusui, es posible que las perras sean más sensibles
a la administración intranasal de oxitocina o, incluso, que la hormona aplicada
artificialmente a los machos desencadenara un mecanismo de agresividad ante la
presencia de extraños.
En 2009, el húngaro József Topál,
experto en comportamiento animal, publicó otro estudio en la revista Scienceque mostraba
que los perros y los bebés de 10 meses de edad buscaban un objeto en su
escondite inicial aunque hubieran visto que se había cambiado de lugar, en
parte debido a la mirada engañosa de la persona que lo escondía, que señalaba
al escondrijo original. En el trabajo de Kikusui, Topál echa de menos
experimentos con lobos más socializados, entrenados para mirar a los ojos de
sus dueños.
El investigador, de la Academia de Ciencias Húngara, recuerda que
incluso los lobos criados con biberón evitan la mirada de sus amos, porque para
ellos este comportamiento está asociado a la amenaza. Pero los lobos pueden
aprender a comunicarse de manera amable con la mirada, según demostró un estudio en 2011. A juicio de Topál,
incluir estos lobos en los experimentos de Kikusui habría servido para
discernir si esa mirada lobuna genera también la hormona del amor en el cerebro
de sus dueños o si se trata de un rasgo únicamente perruno.
“El estudio de Kikusui es impresionante, pero cualquier conclusión sobre
la coevolución de este proceso es prematura”, afirma. “No se puede excluir la
hipótesis de que este bucle de oxitocina que se autoperpetúa pueda existir
entre las personas y cualquier otro animal, siempre que el animal presente
comportamientos afiliativos socialmente relevantes, como la tendencia de mirar
a los humanos”, sentencia. El perro es el mejor amigo del ser humano, pero
podría serlo cualquier otro bien entrenado.
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